La sequía es un fenómeno complejo que resulta de una prolongada ausencia de precipitación en conjunción con altas temperaturas y altas evaporaciones, lo cual causa deshidratación en las zonas de raíces del suelo y detiene el suministro de agua a las plantas. Como resultado de esto, el rendimiento de la plantas se reduce en forma aguda.
Dentro de este contexto, la clasificación convencional distingue la sequía atmosférica y la agrícola.
La sequía atmosférica se caracteriza por la ausencia de precipitaciones durante un período de altas temperaturas y radiación, baja humedad e intensa evaporación; puede estar asociada con altas velocidades del viento. Su duración es variable pudiendo ser desde algunas horas al medio día hasta varios meses. La severidad de la sequía es determinada por el déficit de vapor de agua.
La sequía agrícola o sequia del suelo es debida a un déficit de humedad en el suelo. En este caso es bloqueada la toma de agua por arte de las raíces de las plantas. Este hecho actúa en detrimento de la supervivencia de casi todos los cultivos.
Las consecuencias de las sequías pueden salirse del marco del daño directo o indirecto causado a las plantas y puede dejar secuelas muy graves en la economía de un país, como es la reducción de las cosechas en inmensas regiones naturales, lo que conlleva, como en el caso de las heladas e inundaciones, a problemas socio-económicos muy agudos, tales como la escasez y el encarecimiento de los productos agrícolas
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